jueves, 28 de abril de 2011

Uno de esos días con la familia

Llegar a casa de mis papas fue maravilloso, buscar en cual de las habitaciones aún hay un lugar en el que puedas acampar, aunque la casa ya esta algo vacia pues no vive ahí ninguno de los hermanos, siempre puede haber ya alguna visita, o un cuarto que esta en remodelación o lleno de cosas que alguien esta acomodando.
Esta vez era la habitación que funciona como sala comedor, la están poniendo bonita, pero mientras terminan todos los muebles están cubiertos con sábanas viejas, no puedes encontrar las barajas, los trastes o algún alcoholito ya que la puerta del pequeño bar esta bloqueada.
Sin embargo pasas las horas de la sobremesa en la mesa de la cocina platicando sobre todo lo que no platicaste durante los meses que no los viste. Ahí salen esas alegrías, esos problemas, esas dudas, esos dolores que todos los días te han consumido y que no pudiste compartirles.
Ahí te enteras de los pequeños y grandes acontecimientos que no alcanzaste a conocer a través de las llamadas telefónicas, o en el chismoso facebook. Te comparten su felicidad y su tristeza, sus retos y sus aburriciones diarias.
Cuando vives lejos de la familia, valoras esos sencillos días en los que vuelves a llenarte de energía, para regresar a tu vida agitada, creyendo que todo lo puedes porque ellos esperan mucho más de ti.

lunes, 18 de abril de 2011

Tengo miedo de vivir con miedo...

Tengo miedo de vivir con miedo.
El primer miedo sobrecogedor que recuerdo claramente, después de que nació mi hijo, era un miedo espantoso a que algo me pasara y que no me permitiera estar con el mientras creciera, que no pudiera estar con el cuando me necesitara. Cruzaba las calles con mucha precaución, me alimentaba sanamente, me cuidaba como nunca lo había antes.
Mientras crecía tuve miedos insoportables, al empezar a caminar solo, soltarlo era un suplicio pues sabía que podía caer y golpearse; cuando puso subir a una resbaladilla sentía que al bajar se iba a golpear la nuca, y al enseñarle a nadar era un miedo tremendo a que se ahogara; si estábamos en una planta alta en un centro comercial era horrible verlo acercarse a la orilla, aunque ahí hubiera una protección pues sentía que incluso esta se podía romper y el caer.
Sin embargo, cada vez me hablaba enérgicamente a mi misma para convencerme que no podía detener su desarrollo, su aprendizaje, sus experiencias por mis miedos. Se que el miedo puede ser paralizante, y hay momentos en los que lo compruebo con creces.
Hoy vi a un hombre renunciar a un empleo que lo llenó de frustración, por muchas de esas dificiles situaciones que nos pueden ocurrir en el trabajo; pero estoy convencida de que principalmente fueron muchos miedos los que lo paralizaron y no permitieron que lograra ninguno de los muchos objetivos que pudo haber perseguido, creo que no lo dejaron ni siquiera intentarlo.
Miedo, miedo, miedo.
Yo tengo muchos miedos, sigo sintiendo miedo cada día que mi hijo sale a la calle con sus amigos, de que algo le pase. De no saber cómo avanzar en mi carrera, de avanzar y no poder mantenerme ahí. De no ser suficiente como madre, como hija, como nieta, como pareja, como persona.
Sin embargo, al darme cuenta de lo destructivo que puede ser el miedo, me exhorto a mi misma para sobreponerme a mis miedos y atreverme a hacer lo que creo que debo hacer. Si algo no resulta como lo espero, me sobrepondré y enmendaré mis errores, y si es necesario empezare otra vez haciendo algo diferente para obtener mejores resultados. Pero no dejare que el miedo me impida actuar.

miércoles, 30 de marzo de 2011

¡Quién supiera escribir!

He querido hacer tantas cosas en el transcurso de mi vida, he logrado algunas, otras solo las he iniciado, y otras tantas siguen siendo mariposas volando dentro de mi cabeza.
Una de tantas es escribir, no se de que, no se bien cuando, no se cómo, pero quiero escribir, canciones, poesías, cuentos para niños, una novela.  Escribí alguna vez pequeños poemas, solo uno de ellos me gusta y lo guardo para cuando logre algo de audiencia, poder compartirla. También hice un pequeño cuento que contaba a mi hijo cuando era pequeño, pero solo existió en mi mente y ya lo olvide. Y por un par de años escribí algunas calaveras para mi gente cercana en época de muertos, como se hace en mi México.
Hoy empezare a escribir sobre todas las ideas que me vengan a la mente, pues encontré un medio en el que puedo lanzar textos al aire, y dejar que viajen en un océano enorme para ser leído por cualquier ser, soñando solo que algunos encuentren en estas letras algo útil para su vida.
A mi, personalmente me ha pasado que al leer encuentro esas frases fugaces que me provocan cambios, que me impulsan a crecer y a ser mejor, o que sencillamente me dan algo de paz que en ese momento necesitaba, o me provocan tanta furia, frustración o tristeza que puedo llorar hasta que salen a través de esas lagrimas las pequeñas desilusiones de mi propia vida dejando espacio para mejores sentimientos.
Creo sinceramente que tengo tantas historias, tantas ideas, experiencias, fracasos, alegrías, vivencias; que es suficiente material para empezar; y este es el grano de arena que quiero poner en el mundo para formar parte del desarrollo de la humanidad. No quiero que sea mucho, ni muy notable, pero si una sola persona lo lee y encuentra algo aquí, con eso me daría por bien servida.
No soy una escritora profesional, y no se si puedo convertirme en una, pero para mi, aprender a hacerlo bien y mostrarlo, es ese tipo de anhelo que tiene aquel que no sabe escribir.
¡Quién supiera escribir!                
Ramon de Campoamor

Escribidme una carta, señor cura.
-Yá sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? - Pues.

-Perdonad; mas... -No extraño ese tropiezo
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:
Mi querido Ramón:

-Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
-Si no queréis... -¡Sí, sí!
-Qué triste estoy! ¿No es eso? - Por supuesto
-¡Qué triste estoy sin tí!

Una congoja, al empezar, me viene...
-¿Cómo sabéis mi mal?...
-Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? - Un edén.

-Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.

-El beso aquel que de marchar a punto
te dí...
-¿Cómo sabéis?...
-Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afentéis.

Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...

-¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,
¡que me voy a morir!

-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...
-Pues, sí señor ¡morir!
-Yo no pongo morir. - ¡ Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!

II
¡Señor rector, señor rector! en vano
me queréis complacer,
si no encarnan los signos de la mano
todo el sér de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía
ya en mí no quiere estar;
que la pena no me ahoga cada día...
porque puedo llorar.

Que mis labios las rosas de su aliento,
no se saben abrir;
que olvidan de la risa el movimiento
a fuerza de sentir.

Que mis ojos, que el tiene por tan bellos,
cargados con mi afán,
como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están.

Que es, de cuántos tormentos he sufrido,
la ausencia el más atroz;
que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía
¡goza tanto en sufrir!...
Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!...

III
EPILOGO
-Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo;
A don Ramón... En fin,
que es inútil saber para esto arguyo
ni el griego ni el latín.-