miércoles, 30 de marzo de 2011

¡Quién supiera escribir!

He querido hacer tantas cosas en el transcurso de mi vida, he logrado algunas, otras solo las he iniciado, y otras tantas siguen siendo mariposas volando dentro de mi cabeza.
Una de tantas es escribir, no se de que, no se bien cuando, no se cómo, pero quiero escribir, canciones, poesías, cuentos para niños, una novela.  Escribí alguna vez pequeños poemas, solo uno de ellos me gusta y lo guardo para cuando logre algo de audiencia, poder compartirla. También hice un pequeño cuento que contaba a mi hijo cuando era pequeño, pero solo existió en mi mente y ya lo olvide. Y por un par de años escribí algunas calaveras para mi gente cercana en época de muertos, como se hace en mi México.
Hoy empezare a escribir sobre todas las ideas que me vengan a la mente, pues encontré un medio en el que puedo lanzar textos al aire, y dejar que viajen en un océano enorme para ser leído por cualquier ser, soñando solo que algunos encuentren en estas letras algo útil para su vida.
A mi, personalmente me ha pasado que al leer encuentro esas frases fugaces que me provocan cambios, que me impulsan a crecer y a ser mejor, o que sencillamente me dan algo de paz que en ese momento necesitaba, o me provocan tanta furia, frustración o tristeza que puedo llorar hasta que salen a través de esas lagrimas las pequeñas desilusiones de mi propia vida dejando espacio para mejores sentimientos.
Creo sinceramente que tengo tantas historias, tantas ideas, experiencias, fracasos, alegrías, vivencias; que es suficiente material para empezar; y este es el grano de arena que quiero poner en el mundo para formar parte del desarrollo de la humanidad. No quiero que sea mucho, ni muy notable, pero si una sola persona lo lee y encuentra algo aquí, con eso me daría por bien servida.
No soy una escritora profesional, y no se si puedo convertirme en una, pero para mi, aprender a hacerlo bien y mostrarlo, es ese tipo de anhelo que tiene aquel que no sabe escribir.
¡Quién supiera escribir!                
Ramon de Campoamor

Escribidme una carta, señor cura.
-Yá sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? - Pues.

-Perdonad; mas... -No extraño ese tropiezo
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:
Mi querido Ramón:

-Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
-Si no queréis... -¡Sí, sí!
-Qué triste estoy! ¿No es eso? - Por supuesto
-¡Qué triste estoy sin tí!

Una congoja, al empezar, me viene...
-¿Cómo sabéis mi mal?...
-Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? - Un edén.

-Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.

-El beso aquel que de marchar a punto
te dí...
-¿Cómo sabéis?...
-Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afentéis.

Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...

-¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,
¡que me voy a morir!

-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...
-Pues, sí señor ¡morir!
-Yo no pongo morir. - ¡ Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!

II
¡Señor rector, señor rector! en vano
me queréis complacer,
si no encarnan los signos de la mano
todo el sér de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía
ya en mí no quiere estar;
que la pena no me ahoga cada día...
porque puedo llorar.

Que mis labios las rosas de su aliento,
no se saben abrir;
que olvidan de la risa el movimiento
a fuerza de sentir.

Que mis ojos, que el tiene por tan bellos,
cargados con mi afán,
como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están.

Que es, de cuántos tormentos he sufrido,
la ausencia el más atroz;
que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía
¡goza tanto en sufrir!...
Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!...

III
EPILOGO
-Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo;
A don Ramón... En fin,
que es inútil saber para esto arguyo
ni el griego ni el latín.-

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