Llegar a casa de mis papas fue maravilloso, buscar en cual de las habitaciones aún hay un lugar en el que puedas acampar, aunque la casa ya esta algo vacia pues no vive ahí ninguno de los hermanos, siempre puede haber ya alguna visita, o un cuarto que esta en remodelación o lleno de cosas que alguien esta acomodando.
Esta vez era la habitación que funciona como sala comedor, la están poniendo bonita, pero mientras terminan todos los muebles están cubiertos con sábanas viejas, no puedes encontrar las barajas, los trastes o algún alcoholito ya que la puerta del pequeño bar esta bloqueada.
Sin embargo pasas las horas de la sobremesa en la mesa de la cocina platicando sobre todo lo que no platicaste durante los meses que no los viste. Ahí salen esas alegrías, esos problemas, esas dudas, esos dolores que todos los días te han consumido y que no pudiste compartirles.
Ahí te enteras de los pequeños y grandes acontecimientos que no alcanzaste a conocer a través de las llamadas telefónicas, o en el chismoso facebook. Te comparten su felicidad y su tristeza, sus retos y sus aburriciones diarias.
Cuando vives lejos de la familia, valoras esos sencillos días en los que vuelves a llenarte de energía, para regresar a tu vida agitada, creyendo que todo lo puedes porque ellos esperan mucho más de ti.
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